Insomnia (diario de unas cuantas noches en vela)
Cuántas veces se me habrá ocurrido empezar a rellenar un folio en blanco con las palabras "son las 6 de la mañana y no consigo dormir".
Las 6, la misma hora a la que me levanto día tras día para ir a trabajar.
Pero hoy es domingo, y agradezco no tener q escuchar el irritante zumbido del despertador.
Estaría bien, aprovechando mi pekeña crisis de insomnio, disfrutar del amanecer, no recuerdo cuándo fue la última vez q vi salir el sol.
Ahora que lo pienso, tampoco me fijo mucho cuando se pone, no quiero hacerle sentir incómodo...
En realidad no me gusta mirar el cielo de Madrid, porque por muy resplandeciente que parezca, ahí está siempre a su lado, como un verdugo implacable, el color gris, la polución, para desvirtuar la belleza de lo azul.
Desisto, borro "amanecer" de la lista mental de cosas que podría hacer en las siguientes horas. Por descarte me quedan: estudiar, ver una película, bajar a comprar el periódico (no porque vaya a leerlo, sino por integrarme en el modus operandi del ciudadano medio-culto español) o también puedo aprovechar el tiempo escribiendo todo lo que se me pase por la cabeza en un espacio de Internet descubierto al azar.
¿No se supone que los grandes genios tienen los momentos de inspiración en situaciones críticas o poco habituales? Creo que más de 48 horas sin dormir y más de 24 sin comer se puede incluir en cualquiera de ambas categorías (aunque para algunas top model sea lo más normal del mundo).
Mi conciencia me dice que lo que debería hacer en lugar de estar frente a la pantalla con los ojos como platos y dos medias lunas violetas bajo los párpados, es encontrar una explicación coherente a mi estado de ánimo actual.
Pero mi lado oscuro, mi satán particular, me advierte que ya estoy al corriente acerca de los motivos que me impiden conciliar el sueño y provocan mi creciente falta de apetito...
Algunos lo llaman locura, otros dependencia. Yo prefiero quedarme con la descripción que del sentimiento hace Lucía Etxebarría en "Beatriz y los cuerpos celestes": el AMOR pertenece a sí mismo, sordo a las súplicas, inmutable ante la violencia. El AMOR no es cosa que se pueda negociar. El AMOR es lo único más fuerte que el deseo, la única razón justa para resistir a la tentación".
El amor puede parecer muy poderoso, aunque muchas veces baste un solo soplido para hacer que se venga abajo.
Todo el mundo ama, todos sentimos amor. ¿Y qué? ¿Alguien sabe qué hay que hacer una vez te has dado cuenta de que estás enamorado? ¿Acaso hay una fórmula para mantener vivo el sentimiento a través del tiempo? ¿Por qué muchas veces somos incapaces de amarnos a nosotros mismos todo lo que deberíamos y, sin embargo, demostramos amar profundamente al otro?¿Es que nuestra propia vida no vale tanto como la de los demás?
En fin, todas estas divagaciones no me llevan a ninguna conclusión aclaratoria, y siento que estoy empezando a parecerme a Carrie Bradshaw (la protagonista petarda de "Sexo en NY"), sólo que un poco menos neurótica y sin cobrar ni un céntimo por plasmar mis ideas en papel, así que habrá que conformarse con lo que mi neurona puede dar de sí a estas alturas.
Lo único que sé es que por mucho que me exprima la cabeza, no hay solución aparente a mi patética situación mientras siga amando.
Querer y sentir que me quieren, reir y que me dediquen una sonrisa, observar y que me regalen una mirada... Una simple caricia bastaría para sanarme.
Pero TÚ sigues sin verlo, sin darte cuenta de lo poco que necesito para sentirme bien. Y lo que me ofreces cada día me parece más insignificante, no porque crea que no me amas lo suficiente, sino porque tal vez yo te ame mucho más de lo que debería.
La incertidumbre de no saber cúando voy a verte, cuándo podremos estar a solas, cuándo podré volver a besar tus labios y sentirme en armonía con el universo... me está consumiendo por dentro.
El amor no tendría que ser doloroso, y yo ahora no tendría que estar aquí escribiendo esta retahíla de pensamientos inconexos producto de la apatía y el cansancio.
Ahora, en este preciso instante, tendría que estar en la cama contigo, durmiendo entre tus brazos tal y como habíamos planeado.
Pero, cómo no, en el último momento surge un plan más importante o urgente, así que lo nuestro puede esperar, incluso podemos cancelarlo por completo. Ya lo haremos otro día que nos venga bien, ¿verdad?
El problema radica en que a mí me viene bien cualquier momento para estar contigo y tú no tienes una maldita hora en toda una semana para mí. El equilibrio empieza a peligrar.
Podría hacer un esfuerzo y arreglármelas como tantas otras veces, y poner en tu parte de la balanza el peso necesario para igualarte a mí. Pero resulta que no me apetece nada de nada.
Conviene recordar en este punto que, si bien te amo con locura, el amor que siento hacia mí es aún mayor, y por tanto no voy a mover un solo dedo para sacar adelante algo en lo que no te estás involucrando ni colaborando en absoluto.
Tal vez la solución sea tan simple como darte un par de clases particulares para que te quede muy clarita la distinción entre "mutuo" (o en su defecto "recíproco") e "individual" (o en su defecto "a tu puta bola").
Vaya, cuando empecé a escribir creí que podría lograr algo ingenioso que provocase una tímida sonrisa en los incautos lectores que accediesen a este blog pensando que iban a encontrar alguna cosa interesante sólo porque el título tiene gancho.
Mi conciencia me anima, me dice que no está tan mal, que todavía conservo ciertas nociones de redacción inculcadas en mi siempre odiado colegio religioso, además de un excelente y amplísimo vocabulario.
Pero Satán me advierte que es una mierda de escrito, y me aconseja releerlo. Lo hago y compruebo, para mi horror absoluto, que lo que iba a ser una especie de monólogo del Club de la Comedia (o el Club de Flo, que como sale Urdaci hace más gracia) se ha convertido en la reconstrucción textual de lo que me apetecería decirte si te tuviese delante.
Al menos me ha servido para liberar un poco de la rabia y la tristeza que me produce tu indiferencia encubierta.
Supongo que eres consciente de que no es suficiente decir que cada día sientes más por mí. De hecho, ni siquiera basta que lo sientas. Necesito verlo, necesito hechos. Las palabras solo tienen validez en el segundo irrepetible en que se articulan. Pero las acciones permanecen a través del tiempo. ¿Lo sabes?
Sí, claro que lo sabes, y aún así lo ignoras.
No sé qué es lo que pretendes realmente de mí, pero te aseguro que no voy a quedarme esperando para averiguarlo mucho tiempo más.
No deberías haberme dejado a solas con mis pensamientos tantos días seguidos. O, al menos, podrías fingir que esta situación de incertidumbre constante te afecta tanto como a mí.
Si crees que un par de mensajes al móvil con un "lo siento" o una frase bonita acerca de las ganas que tienes de estar conmigo van a surtir efecto, lamento comunicarte que te has equivocado.
El amor no se basa en dejarse avasallar para complacer al otro, sino en una correspondencia sana de dos almas en conexión, donde cada parte da y recibe en la misma proporción.
Tengo la sensación de que últimamente tu alma está a millones de años luz de mi inquisidora necesidad de ti.
Si todo esto no se debe más que a un mal día provocado por la falta de sueño y apetito, te pido disculpas. Ojalá me equivoque y mañana lo vea todo desde otra perspectiva.
Eso mismo decía ayer, cuando planeaba cada detalle sutil de nuestro encuentro para que nada saliese mal, para que fuese mágico. Y sobre todo, para que al fin fuese nuestro. Sólo tú y yo. Y al final, como siempre, sólo yo...
Al menos esta vez me avisaste con más de una hora de antelación. ¡Gracias! Habría sido una pena cocinar para nada.
Acabo de mirar por la ventana y ya ha amanecido. Será un día gris pase lo que pase. Ya no hay azul, ni paz, ni trankilidad, ni serenidad, ni calma... Sólo unas ganas enormes de gritar y romper muchos platos (y alguna que otra copa, que resulta más glamouroso).
Me voy a la cama a soñar con los ojos abiertos y el corazón entumecido de ausencia.
Nunca se me han dado bien los finales, el adiós me espanta. Así que mejor un hasta luego, hasta mañana, hasta siempre, hasta nunca o hasta cuando te apetezca.
Si quieres encontrarme ya sabes dónde buscarme. Estaré en INSOMNIA tratando de rescatar algún resquicio de ilusión perdida entre ceniceros repletos y botellas vacías...
¡Ah! Y por si no nos vemos hoy,
BUENOS DÍAS
BUENAS TARDES Y
BUENAS NOCHES.

Vviente Constripada dijo
Que bueno el haberte leído, sí las nociones de gramática te han servido... ¿Sabés cuántas personas están por aquí sufriendo de insomnio? Imagínate, yo no sufro de imsomnio, pero si de exageración, así que no he podido dormir por un deseo que va más allá de mí; deseo llegar al límita o , al menos, hasta que mi mamá se levante y me diga ¿qué son estas horas? Creo que esta muy dormida, pues son las 2:12 am -¡buenos días!- y ella no da razón de existir. En fin, bueno, por ahí nos veremos; así, no te preocupes por ese hombre, bueno, excepto que necesites esa preocupación para vivir. Chao.
11 Junio 2006 | 09:08 AM