Publicidad:
Terra
La Coctelera

Insomnia III (esta sí que es una tirlogía, y no la del señor de los anillos)

Perdona que te moleste a estas horas de la noche. Acabo de llamarte para hablar contigo, o mejor dicho, para oir tu voz. Ya sé que es muy tarde, que no puedes cogerlo, que en tu casa están durmiendo... y mil excusas más para no mencionar la única realidad: no te apetece hablar conmigo en este momento.Y lo entiendo, de veras. Parece que últimamente no hago más que agobiarte.

Represento en cierto modo el caos dentro de tu orden, o eso quiero pensar para no dar cabida a la otra opción, a la idea que cada vez resuena más fuerte en mi cabeza y que no puedo ni quiero aceptar. La sensación de que empiezo a resultarte indiferente.Sí, ese presentimiento me está consumiendo por dentro y me voy apagando lentamente hasta que al final no queden ni las cenizas.

Lo más triste de todo es que no sé cuál es la razón de este distanciamiento tan brusco como repentino. Dicen que el amor es así... Y francamente, si es así, yo no lo quiero. No quiero sufrir, ni tener este nudo en el estómago que no me deja respirar, ni pasarme las horas muertas aguantando las ganas de llorar hasta que ya no puedo más.

Los momentos que comparto contigo a día de hoy son como una montaña rusa, demasiado vértigo y pánico ante una caída mortal. Y aunque de tu boca no salgan palabras, me basta observarte para ver que ese “siempre” que nos prometíamos y en el que confiábamos va perdiendo su significado. Son tantas las hipótesis que rondan mi cabeza que a veces pienso que podría llegar a la locura, pero esta vez no sería por amor, sino por desesperación.

¿Quieres saber cómo me siento? Tal vez no quieras saberlo, pero te lo digo de todas formas. Me siento vacía, sola, tan lejos de ti y tan perdida que ya no me encuentro ni en tu mirada.Temo acercarme a ti y abrazarte por si tus gestos me rehúyen. Temo mirarte por si tus ojos miran hacia otro lado. Temo besarte por si tus labios se quedan sellados. Y sobre todo, temo preguntarte porque me aterroriza tu respuesta. Porque siempre has sido brutalmente sincera. No, no quiero oirlo. Prefiero ocultarme en la nada de mi tristeza y seguir manteniendo la esperanza.

Es curioso lo mucho que extraño esos pequeños detalles que antes eran habituales. ¿Sabes a qué detalles me refiero? A que me digas “te quiero”, por ejemplo. O, al menos, a q me respondas “y yo a ti” en lugar del (ahora) tan común silencio.Echo de menos un abrazo tuyo que me reconforte y me haga sentir a salvo. Echo de menos que me des la mano cuando vamos por la calle, que aproveches el mínimo descuido para regalarme una caricia a escondidas o que ilumines mis días con una sonrisa. Echo de menos todo eso que habíamos construído paso a paso, que parecía sólido, que nunca se rompería.Te echo tanto de menos que siento que voy a morir de dolor. Y vuelvo a llorar...

Además de sola, vacía y perdida, hay otra sensación que se apodera de mí cuando vuelvo a casa cada noche, un poco más cansada: la frustración. Me siento frustrada porque lo he dado todo en esta relación, me he dejado la piel, he apostado por ti, te he entregado mi vida, mi corazón, mis sueños... ¿Qué vas a hacer con ellos? Si no los quieres, devuélvemelos. He tratado de estar a tu lado en todo momento, en lo bueno y lo malo. He intentado hacer lo posible para que NUNCA te sintieras triste. He compartido tu alegría y tu dolor. Te he amado como se debe amar, arriesgándolo todo sin importar lo grande que pudiese ser la caída. Y ahora que estoy cayendo, que me hundo en las profundidades de mi angustia, no tengo tu mano para ponerme en pie.

Qué injusto es todo... Es lo único que puedo decir. Quién sabe, tal vez con esto quede todo dicho. Pero, como mencioné antes, mantengo la esperanza*...

*Y si la esperanza finalmente muere, calmaré el dolor con la sangre de mi propia herida.

Insomnia II (repitiendo los mismos errores...)

No quiero volver a sentirme poco importante... No, eso ya pasó.

¿Por qué han de repetirse las situaciones que luché por evitar?

Estoy llorando, aliviando el alma.

Nadie merece mis lágrimas. Me volveré de piedra.

Forjaré el alma a base de coraje. Me he cansado de la ingratitud.

Mi corazón no quiere consuelo, solo necesita reposo.

Mis heridas ya no tienen cura, la sangre ya no se derrama.

Pero me duelen. Lo cierto es que me hieres.

No debería consentirlo. Soy fuerte, aunque no invencible.

Pero te necesito y no estás. Prefieres otras compañías,

no mi frágil cuerpo, ya nunca mi alma envejecida.

Prometí no volver a escribir acerca del desamor.

Otra promesa que se rompe en el silencio, en el espacio que ya no ocupas.

Y no soy tuya, me vuelvo indefensa. Ni siquiera me pertenezco.

Prefiero entregarme a la nada, lanzarme al abismo,

esconderme en el vacío de mi soledad.

Porque aunque luche por ti, por mí, por lo nuestro...

¿Sabes que no es perfecto?

Te anhelo pero te pierdo. Te deseo pero me espanta la incertidumbre.

Porque un día me haces tocar el cielo

y el siguiente se convierte en un infierno.

Te siento lejos. Siento que muero.

¿De qué sirven las palabras? ¿Qué importa si eres lo que más quiero?

Te desnudé mi alma, no ha valido la pena tanto esfuerzo.

¿Para qué entregarme? Si al final no resuena ni el eco.

Solo hay momentos fugaces, solo recuerdos enfermos

que el tiempo ha consumido, se evaporan en el viento.

Nada es real, ni estas manos que plasmas lo absurdo de mi pensamiento.

Y me ahogo en otra copa... Vuelvo a rellenar el cenicero. Y tú no estás...

Solo te encontré en mis sueños.

Ya no quiero soñar. Solo olvidar que te amo, que no te tengo.

Sigo buscando respuestas

aunque no hay preguntas suficientes para descifrar el misterio.

Te apagas, te desvaneces.

Otro fracaso, qué inservible el riesgo. Qué insensato el amor...

Qué inmenso el desconsuelo.

VENDETTA

He vuelto a pensar en ti. Lo cierto es que no sé si alguna vez podré sacarte de mi mente. Te has convertido en un fantasma encadenado a unos grilletes muy pesados, y el ruido que haces al moverte en mi cabeza resulta demasiado estridente como para olvidar por un sólo momento que existes.
¿Seguirás vivo? ¿Volveré a verte alguna vez? ¿Piensas en mí?
Tal vez todavía no esté preparada para explicar con palabras lo que mi alma prefiere reservar al silencio, pero me encantaría poder mirarte un día a esos ojos vacíos y transmitirte un poquito del dolor que me has causado.
De todos modos, por lo que he oído tu vida ya es bastante miserable, supongo que tarde o temprano tenía que tocarte la varita mágica de la amargura.
No entiendo cómo puedes dormir por las noches, imagino que lo conseguirás a base de chutes. ¡Bendita heroína!
Ah no, perdón, se me olvidaba que tú no te metes picos, sólo te la fumas. Es verdad, no te gusta dejar marcas, lo haces y te callas...
¿Sabes una cosa? Hay heridas que no se ven, que no dejan una huella en tus brazos, sino que te sangran muy adentro y nunca llegan a curarse.
A veces me pregunto por qué tuve que ser yo, por qué decidiste romper mi vida de ese modo, por qué un día se te pasó por la cabeza que tus ansias pesaban más que mi inocencia.
¿Sabes lo que cuesta superarlo? ¿Fingir que no ocurrió? Al menos siento el orgullo de saber que ahora mi estabilidad mental no depende de ti.
Fuiste un gran maestro, desde luego, me enseñaste a sufrir y callar, a fingir y mentir y a llorar sin lágrimas. Fue muy duro asimilar que no eras ese hombre grande y poderoso que creía que me cuidaría como al tesoro más preciado, sino solamente un loco hijo de puta cruel que se lo iba a pasar muy bien a mi costa.
Lo peor de todo es que llevo tu sangre y que, aunque me resista a aceptarlo, tengo tu mirada, la misma tristeza, aunque mis ojos todavía pueden brillar de alegría.
Espero que la vida te trate tan mal como te mereces.
Y recuerda que algún día, por mucho tiempo que pase, tendrás mi sombra detrás tuyo, y sentirás el miedo de no saber hasta dónde puede llegar mi locura. Sólo puedo decirte que en ese momento desearás no haber nacido. Y lo disfrutaré. Me recrearé con tu pánico y tu llanto, con esa cara de cabrón suplicante que tanto te gustaba poner para engañar a todo el mundo.
Te mataré poco a poco, no tengo prisa. Ya que me robaste unos cuantos añitos de mi infancia, yo te robaré unas cuantas horas de tu aparente calma. Ya sé que nada de lo que haga podrá devolverme lo que un día me arrancaste por la fuerza, pero me sentiré feliz con mi vendetta. Ningún delito debería quedar impune.
No creo en la justicia divina, sólo en la que está en mis manos.
La venganza sabe mucho mejor servida en frío. Sabré esperar...

Insomnia (diario de unas cuantas noches en vela)

Cuántas veces se me habrá ocurrido empezar a rellenar un folio en blanco con las palabras "son las 6 de la mañana y no consigo dormir".
Las 6, la misma hora a la que me levanto día tras día para ir a trabajar.
Pero hoy es domingo, y agradezco no tener q escuchar el irritante zumbido del despertador.
Estaría bien, aprovechando mi pekeña crisis de insomnio, disfrutar del amanecer, no recuerdo cuándo fue la última vez q vi salir el sol.
Ahora que lo pienso, tampoco me fijo mucho cuando se pone, no quiero hacerle sentir incómodo...
En realidad no me gusta mirar el cielo de Madrid, porque por muy resplandeciente que parezca, ahí está siempre a su lado, como un verdugo implacable, el color gris, la polución, para desvirtuar la belleza de lo azul.

Desisto, borro "amanecer" de la lista mental de cosas que podría hacer en las siguientes horas. Por descarte me quedan: estudiar, ver una película, bajar a comprar el periódico (no porque vaya a leerlo, sino por integrarme en el modus operandi del ciudadano medio-culto español) o también puedo aprovechar el tiempo escribiendo todo lo que se me pase por la cabeza en un espacio de Internet descubierto al azar.
¿No se supone que los grandes genios tienen los momentos de inspiración en situaciones críticas o poco habituales? Creo que más de 48 horas sin dormir y más de 24 sin comer se puede incluir en cualquiera de ambas categorías (aunque para algunas top model sea lo más normal del mundo).

Mi conciencia me dice que lo que debería hacer en lugar de estar frente a la pantalla con los ojos como platos y dos medias lunas violetas bajo los párpados, es encontrar una explicación coherente a mi estado de ánimo actual.
Pero mi lado oscuro, mi satán particular, me advierte que ya estoy al corriente acerca de los motivos que me impiden conciliar el sueño y provocan mi creciente falta de apetito...
Algunos lo llaman locura, otros dependencia. Yo prefiero quedarme con la descripción que del sentimiento hace Lucía Etxebarría en "Beatriz y los cuerpos celestes": el AMOR pertenece a sí mismo, sordo a las súplicas, inmutable ante la violencia. El AMOR no es cosa que se pueda negociar. El AMOR es lo único más fuerte que el deseo, la única razón justa para resistir a la tentación".

El amor puede parecer muy poderoso, aunque muchas veces baste un solo soplido para hacer que se venga abajo.
Todo el mundo ama, todos sentimos amor. ¿Y qué? ¿Alguien sabe qué hay que hacer una vez te has dado cuenta de que estás enamorado? ¿Acaso hay una fórmula para mantener vivo el sentimiento a través del tiempo? ¿Por qué muchas veces somos incapaces de amarnos a nosotros mismos todo lo que deberíamos y, sin embargo, demostramos amar profundamente al otro?¿Es que nuestra propia vida no vale tanto como la de los demás?
En fin, todas estas divagaciones no me llevan a ninguna conclusión aclaratoria, y siento que estoy empezando a parecerme a Carrie Bradshaw (la protagonista petarda de "Sexo en NY"), sólo que un poco menos neurótica y sin cobrar ni un céntimo por plasmar mis ideas en papel, así que habrá que conformarse con lo que mi neurona puede dar de sí a estas alturas.

Lo único que sé es que por mucho que me exprima la cabeza, no hay solución aparente a mi patética situación mientras siga amando.
Querer y sentir que me quieren, reir y que me dediquen una sonrisa, observar y que me regalen una mirada... Una simple caricia bastaría para sanarme.
Pero TÚ sigues sin verlo, sin darte cuenta de lo poco que necesito para sentirme bien. Y lo que me ofreces cada día me parece más insignificante, no porque crea que no me amas lo suficiente, sino porque tal vez yo te ame mucho más de lo que debería.
La incertidumbre de no saber cúando voy a verte, cuándo podremos estar a solas, cuándo podré volver a besar tus labios y sentirme en armonía con el universo... me está consumiendo por dentro.

El amor no tendría que ser doloroso, y yo ahora no tendría que estar aquí escribiendo esta retahíla de pensamientos inconexos producto de la apatía y el cansancio.
Ahora, en este preciso instante, tendría que estar en la cama contigo, durmiendo entre tus brazos tal y como habíamos planeado.
Pero, cómo no, en el último momento surge un plan más importante o urgente, así que lo nuestro puede esperar, incluso podemos cancelarlo por completo. Ya lo haremos otro día que nos venga bien, ¿verdad?
El problema radica en que a mí me viene bien cualquier momento para estar contigo y tú no tienes una maldita hora en toda una semana para mí. El equilibrio empieza a peligrar.

Podría hacer un esfuerzo y arreglármelas como tantas otras veces, y poner en tu parte de la balanza el peso necesario para igualarte a mí. Pero resulta que no me apetece nada de nada.
Conviene recordar en este punto que, si bien te amo con locura, el amor que siento hacia mí es aún mayor, y por tanto no voy a mover un solo dedo para sacar adelante algo en lo que no te estás involucrando ni colaborando en absoluto.
Tal vez la solución sea tan simple como darte un par de clases particulares para que te quede muy clarita la distinción entre "mutuo" (o en su defecto "recíproco") e "individual" (o en su defecto "a tu puta bola").

Vaya, cuando empecé a escribir creí que podría lograr algo ingenioso que provocase una tímida sonrisa en los incautos lectores que accediesen a este blog pensando que iban a encontrar alguna cosa interesante sólo porque el título tiene gancho.
Mi conciencia me anima, me dice que no está tan mal, que todavía conservo ciertas nociones de redacción inculcadas en mi siempre odiado colegio religioso, además de un excelente y amplísimo vocabulario.
Pero Satán me advierte que es una mierda de escrito, y me aconseja releerlo. Lo hago y compruebo, para mi horror absoluto, que lo que iba a ser una especie de monólogo del Club de la Comedia (o el Club de Flo, que como sale Urdaci hace más gracia) se ha convertido en la reconstrucción textual de lo que me apetecería decirte si te tuviese delante.

Al menos me ha servido para liberar un poco de la rabia y la tristeza que me produce tu indiferencia encubierta.
Supongo que eres consciente de que no es suficiente decir que cada día sientes más por mí. De hecho, ni siquiera basta que lo sientas. Necesito verlo, necesito hechos. Las palabras solo tienen validez en el segundo irrepetible en que se articulan. Pero las acciones permanecen a través del tiempo. ¿Lo sabes?
Sí, claro que lo sabes, y aún así lo ignoras.

No sé qué es lo que pretendes realmente de mí, pero te aseguro que no voy a quedarme esperando para averiguarlo mucho tiempo más.
No deberías haberme dejado a solas con mis pensamientos tantos días seguidos. O, al menos, podrías fingir que esta situación de incertidumbre constante te afecta tanto como a mí.
Si crees que un par de mensajes al móvil con un "lo siento" o una frase bonita acerca de las ganas que tienes de estar conmigo van a surtir efecto, lamento comunicarte que te has equivocado.
El amor no se basa en dejarse avasallar para complacer al otro, sino en una correspondencia sana de dos almas en conexión, donde cada parte da y recibe en la misma proporción.

Tengo la sensación de que últimamente tu alma está a millones de años luz de mi inquisidora necesidad de ti.
Si todo esto no se debe más que a un mal día provocado por la falta de sueño y apetito, te pido disculpas. Ojalá me equivoque y mañana lo vea todo desde otra perspectiva.
Eso mismo decía ayer, cuando planeaba cada detalle sutil de nuestro encuentro para que nada saliese mal, para que fuese mágico. Y sobre todo, para que al fin fuese nuestro. Sólo tú y yo. Y al final, como siempre, sólo yo...
Al menos esta vez me avisaste con más de una hora de antelación. ¡Gracias! Habría sido una pena cocinar para nada.

Acabo de mirar por la ventana y ya ha amanecido. Será un día gris pase lo que pase. Ya no hay azul, ni paz, ni trankilidad, ni serenidad, ni calma... Sólo unas ganas enormes de gritar y romper muchos platos (y alguna que otra copa, que resulta más glamouroso).

Me voy a la cama a soñar con los ojos abiertos y el corazón entumecido de ausencia.
Nunca se me han dado bien los finales, el adiós me espanta. Así que mejor un hasta luego, hasta mañana, hasta siempre, hasta nunca o hasta cuando te apetezca.
Si quieres encontrarme ya sabes dónde buscarme. Estaré en INSOMNIA tratando de rescatar algún resquicio de ilusión perdida entre ceniceros repletos y botellas vacías...

¡Ah! Y por si no nos vemos hoy,
BUENOS DÍAS
BUENAS TARDES Y
BUENAS NOCHES.